Blog
11. junio 2026

La historia de cómo nació Oniria

La historia de cómo nació Oniria

Por Blanca Gómez de Salazar

Si alguien me hubiera dicho hace unos años que acabaría abriendo una academia de inglés llamada Oniria, probablemente me habría reído.

Durante mucho tiempo pensé que mi camino ya estaba escrito. Imaginaba que me jubilaría en el mismo colegio en el que había desarrollado prácticamente toda mi carrera profesional. Era una buena vida: estable, conocida y, durante muchos años, profundamente feliz.

Siempre había querido ser maestra. No es una frase bonita para adornar una presentación; es la verdad. Desde pequeña jugaba a dar clase, organizaba pupitres imaginarios, preparaba actividades para mis muñecos y soñaba con tener algún día mi propia aula. Mientras otros niños soñaban con ser astronautas, veterinarios o artistas, yo soñaba con enseñar.

Y tuve la enorme suerte de conseguirlo.

Durante más de veinte años he trabajado como maestra acompañando a niños en una de las etapas más importantes de sus vidas. Han sido años llenos de historias, aprendizajes, descubrimientos y pequeños logros que para muchos adultos pueden parecer insignificantes, pero que para un niño significan el mundo entero. También han sido años trabajando junto a sus familias, porque si algo he aprendido durante este tiempo es que educar nunca es una tarea individual. Detrás de cada niño hay una familia que ama, se preocupa, duda, se esfuerza y trata de hacerlo lo mejor posible. Por eso siempre he sentido que mi trabajo consistía en acompañar tanto a los niños como a sus familias.

Y durante mucho tiempo fui muy feliz haciéndolo.

Sin embargo, hubo un momento en el que algo empezó a cambiar. No hablo de personas concretas. Hablo de prioridades, de enfoques y de una determinada forma de entender la educación. Poco a poco empecé a sentir que el camino que estaba tomando aquel proyecto educativo ya no se parecía al que yo llevaba años defendiendo en el aula.

Cuando dedicas gran parte de tu vida a algo que amas, darte cuenta de eso duele.

Intenté adaptarme. Intenté convencerme de que era una etapa, que todos los trabajos tienen momentos difíciles y que quizá era yo quien necesitaba cambiar. Pero cada vez me costaba más reconocerme en aquello que hacía. Empecé a sentir una frustración que nunca antes había experimentado. Llegaba a casa agotada, no físicamente, sino emocionalmente. Aparecieron la ansiedad, la tristeza y la sensación de estar perdiendo poco a poco la ilusión por una profesión que siempre había formado parte de mi identidad.

Recuerdo preguntarme muchas veces si el problema era mío. Si me estaba volviendo demasiado sensible. Si estaba exagerando. Si simplemente tenía que aguantar.

Hasta que un día comprendí algo que cambió por completo mi forma de verlo.

No estaba sufriendo porque hubiera dejado de amar la educación. Estaba sufriendo precisamente porque la amaba.

Porque cuando algo te importa de verdad, duele sentir que ya no puedes hacerlo de la manera en la que crees que debería hacerse.

Y entonces apareció una pregunta que lo cambió todo: ¿y si, en lugar de seguir intentando encajar en un lugar que ya no sentía mío, construía uno propio?

La idea daba vértigo. Después de más de veinte años en el mismo lugar, plantearme empezar de cero parecía una auténtica locura. Tenía una vida estable, responsabilidades, una trayectoria profesional construida durante décadas y, por supuesto, mucho miedo. Pero también tenía una necesidad enorme de volver a sentir ilusión, de levantarme por las mañanas con la sensación de estar construyendo algo coherente con mis valores.

Así empezó a nacer Oniria.

Mucha gente piensa que Oniria nació porque quería abrir una academia de inglés. La realidad es bastante diferente. Oniria nació porque necesitaba volver a creer en mi trabajo, volver a disfrutar enseñando y volver a sentir que podía educar desde los principios que siempre habían guiado mi forma de entender la infancia.

Y hay algo más.

Cuando empecé a plantearme dejar el colegio, me di cuenta de que había una cosa a la que no estaba dispuesta a renunciar: los niños y sus familias.

Después de tantos años compartiendo aprendizajes, preocupaciones, avances, alegrías y dificultades, no me imaginaba una vida alejada de ese contacto humano tan especial que se crea cuando acompañas a un niño durante años y construyes una relación de confianza con su familia.

Necesitaba seguir teniendo eso en mi vida.

Y entonces entendí que una academia de inglés podía ser la forma más bonita de conseguirlo.

No porque el inglés fuera lo más importante, sino porque era el vehículo perfecto para seguir haciendo lo que más me gustaba: acompañar a niños y familias.

Los idiomas, además, se aprenden de una forma muy parecida a como aprenden los niños: viviendo experiencias, jugando, escuchando, cantando, moviéndose y relacionándose con otras personas. Por eso en Oniria hablamos mucho más de experiencias que de clases, mucho más de confianza que de presión, mucho más de curiosidad que de obligación y mucho más de personas que de resultados.

Porque los resultados llegan, pero suelen llegar mejor cuando un niño se siente seguro, respetado y libre para equivocarse sin miedo.

Hoy sigo creyendo profundamente en la educación, en los niños y en las familias. Sigo creyendo que aprender debería ser una experiencia positiva y que muchas veces los niños no necesitan más presión, más fichas ni más exigencia. Necesitan más confianza, más tiempo, más juego, más conexión y más adultos que crean en ellos.

No sé qué tamaño tendrá Oniria dentro de diez años. No sé cuántas personas pasarán por sus aulas ni cuántos errores cometeremos por el camino. Lo que sí sé es que el día que abrimos las puertas sentí algo que llevaba mucho tiempo sin sentir: paz.

La sensación de haber vuelto a casa.

Y quizá esa sea la verdadera historia de Oniria. No la historia de una academia, sino la historia de una maestra que un día decidió volver a creer en aquello que la hizo enamorarse de la educación y que tuvo la suerte de encontrar a muchas familias dispuestas a creer junto a ella.

Volver

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este campo es obligatorio

Este campo es obligatorio

Este campo es obligatorio

Se ha producido un error al enviar tu mensaje. Por favor, inténtalo de nuevo.

Comprobación de seguridad

Código captcha inválido. Inténtalo de nuevo.

©Derechos de autor. Todos los derechos reservados.

Information icon

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.